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Marisol Peña Torres, 40 años de trayectoria académica

Abogada, Profesora Titular de Derecho Constitucional en la UDD, ex Presidenta del Tribunal Constitucional de Chile y miembro de número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Su carrera es un ejemplo de rigor jurídico, independencia y compromiso con la democracia.

Profesora Peña, ¿cómo fue su inicio en el mundo del derecho y qué la motivó a dedicarse al derecho constitucional?

Decidí estudiar derecho influida, en gran medida, por el ejemplo de mis padres. Los dos fueron abogados y estudiaron en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Gracias a las actividades profesionales de ambos, el derecho fue algo familiar en mi desarrollo desde la niñez.

Terminé dedicándome al derecho constitucional casi por casualidad. En tercer año de la carrera concursé para ser ayudante del Instituto de Ciencia Política de la UC. Al ganar el concurso aprendí a preparar una clase, a investigar y a sumergirme en el estudio de los fenómenos políticos de la mano de grandes profesores. Cuando estaba en 5° año de derecho, me convocó mi ex profesor, Alejandro Silva Bascuñán, a ser su ayudante en la cátedra de Derecho Político, la que era muy cercana a lo que ya había venido estudiando. Al tiempo me nombró también su ayudante en la cátedra de Derecho Constitucional antes de que me recibiera de abogado. Desde ese momento el derecho Constitucional pasó a formar parte de mi ADN.

Entre el 2006 y 2018 participo como Ministra del Tribunal Constitucional, siendo la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta el año 2013. ¿Qué significó para usted dicho nombramiento? y ¿qué barreras identifica aún para las mujeres en el mundo del derecho público?

Sin duda, ser nombrada Ministra del Tribunal Constitucional (TC) por la Corte Suprema cuando llevaba ya 20 años ejerciendo la cátedra de derecho constitucional fue un honor enorme y un privilegio, puesto que pude aplicar, a través de las sentencias que redacté y en las que participé, todo el conocimiento acumulado sobre el derecho constitucional durante años. Me tocó redactar fallos importantísimos como el de la píldora del día después y el que declaró la primera inconstitucionalidad de un precepto legal en Chile.

Mi elección como presidenta del Tribunal Constitucional en el año 2013 fue bien difícil. Es tribunal estaba muy dividido y el otro candidato era un varón. No creo, sin embargo, que la dificultad radicara en el hecho de ser mujer, sino en cuestiones más vinculadas a la contingencia.

Con todo, igualmente desde que fui nombrada ministra del TC sentí que debía probar dos veces por qué estaba en ese puesto: no sólo por ser mujer, sino porque era muy joven. Tuve que estudiar y esforzarme mucho, pero creo que al final ese esfuerzo me granjeó la confianza de mis colegas y su respeto. Ciertamente, no fue un camino fácil.

Podría decir que hoy subsisten barreras para las mujeres que no sólo tienen que ver con el derecho público, sino que, en general, con el acceso a ciertos puestos en el mundo laboral. No es que se nos considere incapaces, pero se sigue dudando de la forma como podemos conciliar la vida laboral con la vida familiar como si debiésemos elegir entre una y otra.

Usted también fue parte clave del proceso constituyente reciente, como miembro del Comité Técnico de Admisibilidad. ¿Cuál fue el mayor desafío y los aprendizajes que guarda del proceso? 

El integrar el Comité Técnico de Admisibilidad representó, para mí, un tremendo desafío. Me daba cuenta que ser parte de los “árbitros” que debían custodiar el respeto de las 12 Bases Constitucionales exigía experiencia, prudencia y gran objetividad.

Es cierto que discutir el contenido de una constitución supone estar muy cerca de la política contingente, pero uno de los desafíos más importantes cuando se participa en este tipo de procesos tan trascendentes es conservar la independencia de juicio y hacer primar lo técnico por sobre los intereses particulares o cortoplacistas.

Entre los aprendizajes que me dejó el segundo proceso constituyente fue valorar el aporte de expertos en los procesos constituyentes: una Constitución debe ser escrita y defendida por los que saben del tema. Al mismo tiempo, al haber presenciado los debates al interior del Consejo Constitucional constaté la importancia de todo esfuerzo que pueda hacerse por llegar a consensos razonables. Cuando se instala la política de bloqueo respecto de posiciones distintas vamos condenados al fracaso como ocurrió en el plebiscito de 2023.

Ha recibido numerosos reconocimientos y premios a lo largo de su carrera ¿Qué significan todas estas distinciones para usted?

En verdad, me he sentido muy reconocida a lo largo de mi carrera. Los mejores premios han sido, sin duda, las evaluaciones de mis alumnos a lo largo de 40 años de vida universitaria, al igual que haber alcanzado la posición de profesora titular, en la Universidad Católica y en la UDD. Este logro reconoce, a mi juicio, el esfuerzo de una vida académica dedicada y paulatina donde fui cumpliendo cada etapa con todas las exigencias que importaba. Del mismo modo, el premio Andrés Concha, que me entregó la SOFOFA hace algunos años, expresa mi compromiso con el servicio público que, junto a la docencia, ha sido el gran norte de mis actividades profesionales

Profesora Peña, acaba de realizar una pasantía de investigación en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, en colaboración con académicos y ex integrantes del Tribunal Constitucional de España. ¿Qué resultados concretos trae de esta experiencia?

Trabajar con profesores de una de las universidades españolas más reconocidas en nuestra disciplina ha sido un gran honor. Pude percibir que, como académicos chilenos, gozamos de un nivel que no desmerece en nada la excelencia de la academia española. Ellos se mostraron muy interesados por la realidad chilena y me invitaron a escribir con ellos en obras de difusión internacional. De hecho, ahora estoy enviando a Madrid un artículo sobre la independencia del Tribunal Constitucional de Chile en el contexto de un gran proyecto de investigación que une a la Universidad Autónoma de Madrid con la Universidad de Navarra. Además, una de las profesoras involucradas en el proyecto expondrá en uno de los workshops que regularmente organiza el Centro de Justicia Constitucional que dirijo. Dejé abierta la puerta para publicar el resultado de mis investigaciones a través del prestigioso Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid. Entonces, comprobé que la internacionalización es una realidad posible y cierta para la UDD y que nuestro trabajo de colaboración internacional enriquece nuestra propia investigación y la docencia que impartimos.

Gracias, profesora Peña, por compartir su trayectoria con nosotros. Su ejemplo no solo ilumina el camino de quienes se forman en derecho y ciencias sociales, sino que representa un referente indiscutible de cómo la excelencia académica, la integridad profesional y el servicio público comprometido pueden converger para fortalecer las instituciones.

Desde la Universidad del Desarrollo, celebramos su presencia y reafirmamos nuestro compromiso con un modelo académico que, como el suyo, une pensamiento riguroso, ética pública y compromiso cívico.

Dirección de Gestión y Desarrollo de los Académicos (DGDA)

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