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Plan de Trabajo: Día a día DGDA

El plan de trabajo académico se ha consolidado como una herramienta clave para alinear las metas personales con la estrategia institucional. Es una instancia de reflexión, desarrollo y compromiso que fortalece tanto la trayectoria del académico y la calidad de la gestión universitaria.

Conversamos con José Antonio Muñoz Reyes, Director de Doctorados de la UDD y Director del Doctorado en Ciencias de la Complejidad Social quien nos entrega su visión respecto a este proceso y como han logrado que se transforme en una herramienta útil dentro de su Facultad.

José Antonio, ¿Cómo crees que ha evolucionado el proceso de planes de trabajo en la UDD y qué papel juega hoy dentro de la estrategia de las Facultades?

El plan de trabajo es una herramienta que permite hacer un seguimiento muy claro de los compromisos y del progreso de los académicos. Esto ocurre porque les otorga a las facultades la posibilidad de comprender las estrategias de desarrollo de sus académicos de manera individual, pudiendo aplicar criterios, pero también estándares para el trabajo académico. Su evolución en estos años denota una clara preocupación por mejorar la claridad de lo que exponen los académicos, el tiempo de llenado del documento y la facilitación de la interpretación de los compromisos por parte de las jefaturas. Se trata de un plan de trabajo moderno que además traduce adecuadamente los hitos, normas y reglas que aplican los reguladores, como, por ejemplo, la CNA a las universidades para medir su progresión institucional.

¿Cómo ha contribuido el proceso de planes de trabajo a fortalecer la conexión entre las metas individuales de los académicos y los objetivos estratégicos de la facultad?

Es un elemento relevante pues actúa integrando tres aspectos que derivan en una mejor coordinación institucional. En primer lugar, genera un diálogo entre el quehacer de cada académico y lo que la institución busca de él. En segundo lugar, permite chequear estándares de cumplimiento, como las horas de docencia y el trabajo científico, y, finalmente, abre la puerta a diálogos enriquecedores en torno a las trayectorias que están teniendo los académicos y a lo que la institución espera que logren. Es, sin duda alguna, un instrumento que mejora el alineamiento de las metas individuales con los objetivos institucionales, al mismo tiempo que construye un espacio sólido para el aseguramiento de la calidad.

El nuevo modelo valora la contextualización, por ejemplo, adaptándose a las distintas trayectorias definidas por la UDD ¿En qué medida has observado que el plan de trabajo sirve como una herramienta de impulso para la carrera académica?

Los académicos necesitan comprender las reglas de su ecosistema de trabajo, pues el mundo de la universidad tiene varias dimensiones que abarcan distintos aspectos a desarrollar a lo largo de las carreras académicas (docencia, administración, investigación, divulgación, formación continua, etc). El plan de trabajo ordena estas dimensiones y les da coherencia, permitiendo contar con una fotografía de todas ellas en una misma línea temporal y, por tanto, de aquello que debe mejorarse.

¿Qué ventajas crees que ha traído el enfoque reflexivo del plan de trabajo, tanto para los académicos como para el equipo directivo?  ¿crees que facilitó y fue un aporte para el proceso formal de evaluación de desempeño académico?

Como director de doctorados de la UDD, no tengo dudas de que la generación de espacios de reflexión desde la institución es siempre una buena noticia cuando se busca la mejora progresiva. En este sentido, dichos espacios permiten explicar aspectos de los hitos que trascienden los datos. Esto enriquece el diálogo entre los académicos y los equipos directivos, pues aporta contexto a los compromisos asumidos.

¿Utilizas la información de los planes de trabajo como una herramienta para la gestión y la toma de decisiones sobre recursos?

Dentro de la Facultad de Gobierno y, más específicamente, en el Centro de Investigación en Complejidad Social, los planes de trabajo son un hito del año académico. Cada académico los discute en reuniones individuales para su planificación y retroalimentación con la dirección del centro y del programa de doctorado. Después, son revisados por el director de investigación de la Facultad de Gobierno, quien da el visto bueno final a la planificación acordada. Este diálogo mejora el compromiso académico con los objetivos institucionales y, prueba de ello, es la acreditación por 7 años que obtuvo el doctorado en ciencias de la complejidad social de dicha facultad y, más recientemente, que en el Centro de Investigación en Complejidad Social 8 de los 10 académicos que son parte de él, cuentan con proyectos Fondecyt en ejecución. Ambos aspectos son, sin duda, hitos institucionales alcanzados gracias a una buena planificación de las trayectorias académicas, que se han dado al alero del uso sostenido de los planes de trabajo.

El plan de trabajo no es solo un documento: es un compromiso con el crecimiento y una promesa de mejora continua. Es donde las metas personales se encuentran con la misión institucional, y nace algo más grande: una cultura de excelencia que se construye todos los días. Cuando un profesor proyecta, la universidad avanza.

Dirección de Gestión y Desarrollo de los Académicos

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